Sin lugar a dudas, aprender un idioma desde niño es de suma importancia. El hecho de aprender una lengua que no es la propia, abre la mente. Se incorporan, no meramente palabras desconocidas, sino otro modo de elaborar las frases, y como si esto fuese poco, otro modo de pensar, pues hay que hacerlo “en otro idioma”.
Se adquiere un conocimiento que no sólo abrirá caminos laborales en un futuro y puertas en todo el mundo, sino que además, ayudará al niño a ampliar su conocimiento general y su pensamiento.

Cuanto más pequeño, el idioma extranjero pareciera reducirse a palabras nuevas y sueltas, pero con el tiempo y la continuidad, ese aprendizaje se incorpora en una forma concreta y empieza a ser parte de lo cotidiano.

El hecho de saber idiomas y en especial inglés, introduce al niño en el mundo globalizado en que vivimos. Un niño que maneja inglés puede leer las instrucciones de juegos, celulares, cámaras y toda la tecnología que hoy es parte de la vida. Puede entender la letra de las canciones que escucha, es capaz de ver una película en su idioma original. En otras palabras, se inserta en el mundo actual con más armas para interpretarlo y ser protagonista. Pueda viajar y no sentirse desorientado o inseguro y en capaz también de comunicarse con cualquier persona en diferentes partes del mundo.

Aprender un idioma abre puertas, derriba barreras, borra límites y por sobre todo enriquece a la persona.